lunes, octubre 05, 2015

Déjate capturar: Capítulo 18

¡Saludos a todos! 

Aquí está el capítulo de septiembre. Debería haberlo publicado antes, pero tras los exámenes me tomé unas pequeñas vacaciones para descansar y cargar las pilas antes de empezar las clases. Ahora que ya he empezado las clases, quería publicar el capítulo, antes de que se me acumulase con el de octubre.

A aquellos que se les ha hecho extraño el cambio de escenario, decirles sólamente que sentí que era necesario. En principio, iba a presentar a Dev y al resto de cazadores más tarde, ya que la trama de ellos se desarrolla durante la trilogía completa, pero luego salió sólo y lo dejé, porque me di cuenta de que era lo mejor.

Muchas gracias por esos 104 seguidores, en serio, gracias. Me habéis hecho muy feliz.

Disfrutad del capítulo. 

Capítulo 18

Lope había estado cerca. Lo sabía. Sólo la suerte lo había salvado. La suerte en forma de una misteriosa señora con gafas y cabellos blancos, que se había evaporado tal cual había aparecido. Sonrió, pasándose la mano por el pelo. El tío del cañón había sido realmente rápido. Un poco más arriba y no lo hubiera contado. De hecho, a aquellas alturas, el tipo que le había disparado pensaría que estaba muerto. Por fortuna, habían sido capaces de encontrar un remedio antes de que la cosa acabara mal.
Suspiró, sintiéndose aún algo débil, aunque Conall por fin le había dejado levantarse de la cama. Mientras caminaba desde el baño hasta la mesa de la cocina, pensó en cómo iba a ser capaz de proteger a sus parejas estando así. Conocía lo suficiente a Conall y a Phelan, ambos podían protegerse solos, pero, ¿y Dee?, se preguntó desviando su mirada al sillón al otro lado de la estancia, dónde la chica leía con avidez aquel curioso libro que le había salvado la vida.

Dee dejó de leer, elevando la vista para ver que Lope la observaba con el entrecejo fruncido. Menos mal que ya caminaba y el color había regresado a su piel, les había dado un buen susto. Le sonrió y éste viró sus ojos a otro sitio con un leve color en las mejillas. Dee negó con la cabeza, ¿qué iba a hacer ella con tres chicos?
La noche anterior, finalmente, le habían contado entre todos lo que significaba que ella fuera su compañera de vida. Deeann todavía no lo entendía por completo, mas, ¿quién podría? Hoy en día, tener una única pareja durante toda la vida era cómo no cambiar de móvil, antiguo y desfasado. Pero de ahí, a tener tres chicos a tu disposición era cuanto menos chocante.
Desde pequeña, le habían enseñado que las relaciones monógamas eran a lo que debía aspirar. Que aquellas en las que hubiera más de dos miembros eran inmorales y censurables. Que podía tener más de un novio, pero de uno en uno. Y ahora, ahí estaba ella, con tres chicos que decían que los Dioses la habían escogido para ser su pareja, la de los tres. Lanzó un largo suspiro. Bueno, por lo menos, pensó escapándosele una risita, su vida sexual no sería para nada aburrida.

Después de la comida, Conall obligó a Lope a volver a la cama a pesar de la mueca de disgusto que le había puesto éste. De modo que Phelan, echándose a reír, se quedó con él haciéndole compañía. Conall fue a darse una ducha, pues había estado de guardia toda la noche y olía mal, y Ace se sentó en el sillón a dormitar. Dee, como llevaba haciendo desde la noche anterior, cogió el libro que había dejado en una de las estanterías, se colocó al lado de Ace y se puso a leer.
Conall cerró la puerta del baño, se despojó de la ropa que llevaba y se introdujo en la bañera. Abrió el grifo y el agua empezó a caer, primero tibia y luego más caliente, relajando sus músculos que habían estado tensos y agarrotados desde que habían salido del motel. Bufó, dejando que su adolorida espalda se calmase, y permitiendo que sus brazos cayeran a ambos lados inertes.
Aún recordaba los disparos en sus oídos, las balas tan cerca de su piel que le habían producido arañazos. Había tenido miedo. No, terror era una palabra más exacta. Había estado aterrorizado de que algo saliera mal. De que alguno saliera herido. De que alguno de ellos hubiera…
Un escalofrío le recorrió la espalda, siendo incapaz de completar la línea de pensamiento. Sencillamente era demasiado horrible pensarlo.
En vez de eso, su mente empezó a vagar por los recuerdos de lo que había ocurrido los últimos días. Y es que había sido un no parar, una cosa tras otra. Desde luego, la mayor sorpresa había sido descubrir que no sólo tenía a Lope, si no que Deeann y Phelan también eran parte importante en su vínculo. Eran las partes que faltaban para hacerle sentir completo. Lope, con su incalculable humor y su fogosidad, pero al mismo tiempo un gran sentido de la lealtad y el honor. Phelan, que era al mismo tiempo inteligente y tierno, que daban ganas de lamerlo de arriba a abajo y escuchar los ruiditos que hacía al correrse. Y Deeann, que tenía una mirada astuta y profunda, y sin embargo, era adorablemente ingenua en cuestiones picantes.
No pudo evitar que se le escapará una risa al rememorar el rostro sonrojado y los ojos áureos abiertos de par en par cuando le explicaron entre los cuatro lo que significaba estar acoplados. Había enterrado la cabeza en los brazos y se había negado a mirarles hasta un buen rato después.
Un recuerdo no tan placentero se cruzó por su mente. Sus puños se cerraron hasta que las uñas le hicieron daño en la piel. Estaba furioso, iracundo. Cada vez que rememoraba la forma en la que los habían expulsado de Elwood, como si fueran parias. Conall sintió un poderoso deseo de transformarse y desgarrar el pescuezo de Lykos cuando las imágenes de unos días atrás se hicieron paso en su mente.

Tras haberse llevado a Lykos a un rincón donde Thamar lo curaba sin muchos miramientos, los tres chicos y Dee habían sido colocados frente al asiento de Marlowe, en el que éste les inspeccionaba con detenimiento, bajo la filosa mirada del resto de lobos de la manada. El Alfa cerró los ojos durante unos segundos y se puso en pie.
—Como Alfa de la manada de Elwood, yo Marlowe Hayes, por pelea indebida contra el Beta Lykos Bardsley y destrucción de la propiedad del pueblo, sentencio a Phelan Bardsley y a sus parejas al destierro.
Una oleada de aplausos sobrevino al momento. Los aludidos se miraron los unos a los otros sin entender lo que estaban oyendo. ¿Qué significaba aquello? Conall no pudo callarse y aunque Lope intentó detenerlo, estalló.
—¡Pero Phelan ha ganado la pelea! —exclamó Conall por encima del barullo de voces—. ¡Según las leyes de la manada…!
—Phelan debería hacerse cargo del puesto de Lykos, pero no lo hará —le cortó Marlowe en voz alta masajeándose las sienes y llenando la sala de vítores renovados. Entonces les pidió que se acercaran cuando se sentó derrotado en el sillón—. La manada no lo aceptará —continuó sólo para ellos—. Mucho me temo que tendréis que marcharos.
—¿Cómo? ¿Por qué no? —preguntó entonces Lope.
—¿No es evidente? Nuestro enlace —dijo Phelan en un murmullo molesto—. Somos una aberración para ellos.
Un silencio se cernió sobre los que estaban alrededor del asiento del Alfa Marlowe, mientras se hacían conscientes de las punzantes miradas que les lanzaban el resto de la manada.
—Sin embargo —dijo Marlowe inclinándose hacia delante y captando la atención de los cuatro—, es posible que un enlace como el vuestro, haya existido antes.
—¿Es eso posible…? —susurró Dee.
—¿Está seguro? —preguntó Phelan con su celebro trabajando a mil por hora.
—Nunca se puede estar seguro del todo —negó con la cabeza Marlowe—. Así que yo me dirigiría al Consejo en busca de ayuda y conocimiento.
Phelan abrió los ojos y asintió, y con una mirada significativa, el hombre se puso en pie y habló, acallando los retazos de conversaciones que llenaban la sala.
—No pueden estar a menos de 5 km del territorio de la manada. Tenéis 24 horas para recoger vuestras pertenencias y marcharos. Sylvester, acompáñalos a casa de Thamar y que dos de tus lobos hagan guardia.
Diciendo esto volvió a sentarse, dejando que el grupo del que era su hijo y el próximo Alfa los arrastrasen hasta la salida de muy malos modos. Ninguno se resistió, aunque Conall y Lope se sujetaban el uno al otro para no empezar una nueva reyerta. Al pasar por la puerta, Phelan, que iba de la mano de Dee, observó los ojos de su padre herido tendido sobre el suelo siendo curado por Thamar en un lateral de la sala. Sus ojos brillaron con la palabra victoria en ellos, Phelan le correspondió con otra muy distinta. Venganza.
Sacándole de un empujón, Phelan no vio el pequeño destello de puro terror que pasó por la mirada de Lykos, antes de que volviese a ser la misma de siempre.

Una de las cosas que había descubierto, mientras leía el libro, era que sus perseguidores eran en realidad un grupo de humanos organizados que se consideraban a sí mismos cazadores de seres sobrenaturales. Eran entrenados desde que eran capaces de sostener un arma, para matar y capturar a los seres mágicos hasta su extinción.
Deeann, sin embargo, no se sorprendió demasiado. Era evidente que la habían estado siguiendo, un coche no explotaba así como así. Por suerte, el volumen también decía que cada vez quedaban menos humanos que creyeran que estos seres existían, así que la población de cazadores había disminuido mucho en las últimas diez décadas.
Miró con admiración a la pequeña y extensa obra que sostenía entre las manos. El título estaba borrado, no obstante, aún se leía la palabra sobrenatural en la portada. Estaba segura de que se trataba de algún tipo de manual, ya que cada capítulo estaba dedicado a un tema específico: tipos de seres sobrenaturales, las magias de las brujas, los enlaces, como sanar distintos tipos de heridas…
Gracias a él, habían encontrado una forma de curar a Lope. Según el texto, reafirmar el acoplamiento mediante la mordedura de un compañero auténtico podía sanar la mayoría de las heridas mortales. Así que Phelan y Conall lo habían hecho varias veces desde la pasada noche. Suspiró pasando al siguiente capítulo, preguntándose qué más iba a pasar. Y queriendo distraer su mente, comenzó a leer.

≪De los diferentes enlaces que pueden surgir entre los Seres Sobrenaturales o Seres Mágicos -llamados así por los humanos-, el más especial de todos es la “Unión Divina”, nombrado de esta forma en honor a los Dioses.
La “Unión Divina” es un enlace único que sólo se da en tiempos de graves conflictos. La última vez que se tuvo conocimiento de un vínculo de estas características, fue hace más de doscientos años, durante la guerra de las brujas contra los licántropos. La joven merecedora de tal unión fue Agatha Jewell, quien con sus tres compañeros, fue capaz de terminar la contienda.

Dee pegó un salto, poniéndose en pie al mismo tiempo que la puerta del baño se abría y un Conall vestido sólo con una toalla salía de ella.
—¡Conall! —exclamó Dee acercándose a él, quién dio un respingo—. ¿Qué sabes del enlace “Unión Divina”?
—Es una leyenda —dijo entonces Ace desde el sillón sorprendiendo a ambos—. Ese tipo de enlace es un mito. Nada más.
Dee miró a Conall y le acercó el libro a Ace, señalando un punto concreto de la página que tenía abierta, al mismo tiempo que Lope salió del dormitorio apoyándose en Phelan.
—Entonces explícame esto y luego dime qué tiene que ver con nosotros —dijo Deeann con una retadora mirada en sus ojos dorados.

6 comentarios:

  1. Hola Ruby gracias por este nuevo capi!

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  2. Me encanta siguela en cuanto puedas gracias

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  3. Hola Ruby, me ha encantado el capitulo, pero tengo ganas de ver, como van a ir las relaciones entre los cuatro protagonistas, y ver como se comportan los chicos, con su chica, estoy deseando leer el siguiente capitulo.BESOS

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  4. Respuestas
    1. Sí, estoy escribiendo un libro homoerótico y no, no está completo. Si lo has visto en otra parte que no sea mi blog o mi página de wattpad, es que alguien me lo ha copiado. Así que te agradecería que me lo dijeras si es así.

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