domingo, abril 12, 2015

Déjate capturar: Capítulo 14

Bueno gente preciosa, aquí estoy de nuevo. ;)

Primero que nada, os quiero comentar que este es el capítulo de marzo, pero como ha sido mi cumple el día 9 de abril, lo voy a publicar ahora como celebración. 

Os traigo otra buena noticia y es que a finales de mes tendréis el capítulo perteneciente a abril, de modo que no vais a esperar mucho, pues ya lo tengo preparado y corregido. 

Así que ya sabéis, estad atentos. 

Muchos besos y que disfrutéis de la lectura.

Capítulo 14

Estaban recostados cómodamente en la cama cuando el ruido de cientos de cristales rompiéndose llenó el ambiente. Se incorporaron de inmediato y empezaron a vestirse. Algo estaba pasando, tenían que ir a comprobar si sus compañeros estaban bien. Un segundo después, la voz enojada de Conall surgió en sus cabezas.

¡Tenemos que irnos! ¡Ahora! Coged sólo lo imprescindible, yo llevaré a Deeann al bosque. Tened cuidado.

 Phelan y Lope se miraron, y sin terminar de colocarse la ropa, pusieron en sus espaldas un par de mochilas y dejaron lo demás. Se aproximaron a la puerta, oyendo los gritos y la histeria.

—No creo que debamos salir por aquí —dijo Lope, sintiendo el caos que había al otro lado.

Phelan lo pensó durante unos segundos.

—La ventana del baño —sugirió y los dos se dirigieron raudos hacia allí.

Con un movimiento de su mano convertida en garra, Lope destruyó la ventanilla y ambos saltaron al suelo, casi al mismo tiempo que un rugido se oía a sus espaldas.

—Creo que no le ha gustado que nos escapemos. Sea quien sea —comentó Phelan internándose en el bosque.

—No me importa. Encontremos a nuestras parejas y larguémonos de aquí —gruñó Lope.

Y desaparecieron en la oscuridad, guarecidos por los árboles y el follaje.


—Conall… ¡Conall! ¡No puedo más! ¡Necesito descansar!

Dee se soltó del fuerte agarre de Conall, cayendo de rodillas en el suelo. Apenas capaz de respirar, puso las manos en la tierra e intentó tranquilizarse. Sabía que no podían perder tiempo, que los que les habían atacado podían estar siguiéndoles, pero llevaba corriendo al menos por dos horas y estaba absolutamente agotada. El cambiaformas se acercó a ella y le acarició el pelo.

—Sé que estás cansada, pero debemos continuar. Aquí somos blancos fáciles —dijo sin dejar de observar los espacios entre los árboles. Si los que les perseguían eran también cambiantes o sobrenaturales, no les sería difícil captar su rastro.

Dee, ya más tranquila, alcanzó la mano del lobo y se puso en pie con las piernas temblorosas. Conall la sujetó de la cintura y ella dejó caer su cabeza sobre su hombro.

—Bien, pongámonos en marcha. No sé cómo, pero vamos —dijo Dee.

—Ni siquiera te sostienes en pie.

—Eso es lo que ocurre cuando pones a correr una maratón a una persona que lo más deportivo que hace es bajar escaleras para ir a clases —comentó con cierto sarcasmo Dee.

—¿Sólo las bajas? ¿No las subes? —preguntó con extrañeza Conall.

—Utilizo el ascensor —respondió sin un atisbo de vergüenza la chica.

El lobo se rió entre dientes.

—Bueno, definitivamente vamos a cambiar eso —aseveró Conall con una sonrisa.

—¿Sabes que pareces un perro cuando te ríes?

Conall amplió la sonrisa al mismo tiempo que una idea se formaba en su mente. ¿Cómo no había pensado en ello antes? Se golpeó la frente con la mano libre y le dio a Dee una mirada de quién está a punto de hacer una travesura.

—Tengo la solución —exclamó y sosteniendo el rostro de la chica entre sus manos la besó—. Vas a ver.

Dee boqueó un par de veces sorprendida. ¿A qué había venido eso? Entonces Conall empezó a desnudarse y Dee señalándole con el dedo chilló:

—¡Wow! ¡Espera un segundo! ¿Qué estás haciendo?

—Dee, vas a hartarte de verme en bolas, no es para tanto.

Y nada más decirlo, Conall se bajó los bóxer y le envió una seductora mirada. Deeann se sonrojó hasta las orejas, siendo incapaz de apartar la vista. Phelan era un adonis, pero Conall estaba constituido como un verdadero dios. Y a pesar de su tímida personalidad, se preguntó cómo sería Lope, encontrándose con ganas de descubrirlo pronto.

En ese momento, algo le rozó la mano. Miró hacia abajo, alucinando al ver a un lobo del tamaño de un oso.

—Me he perdido la transformación, ¿verdad? —Dee suspiró—. Lástima, tal vez la próxima vez.

Conall llevó su hocico a su cuello y lo lamió haciendo que Deeann tuviera cosquillas, luego soltó un ladrido dándole un pequeño empujoncito con el lomo.

—¡Ey!... ¡Oh! Ya veo. Así que este es tu plan… —dijo Dee alzando las cejas—. No está mal.

Entonces el gran lobo se tumbó sobre la tierra, esperando. Dee negó con la cabeza, se pasó la correa de la maleta sobre la cabeza y se subió al lomo sujetándose fuertemente. Un instante después, Conall se incorporó saliendo lanzado hasta adentrarse más en el bosque. El viento vibraba en sus oídos, la bolsa de viaje golpeaba en su costado. Deeann se aferró con más firmeza. ¿Quién le iba a decir a ella que iba a estar cabalgando a lomos de un animal enorme? Si se lo hubieran dicho tres días antes no se lo habría creído. Y ahora allí estaba. Dee soltó una carcajada, disfrutando de la velocidad. Conall lo notó y aulló al cielo nocturno llamando a sus otras parejas. Debían reunirse pronto.


Lope y Phelan escucharon el aullido al mismo tiempo que se transformaban en lobos y salían en busca de Conall y Deeann. No parecían estar demasiado lejos. Habían estado siguiéndoles el rastro desde que habían salido del motel, además de separarse en varias ocasiones para despistar a sus perseguidores. Llevando las mochilas entre sus dientes, empezaron a correr tan rápido como les permitían sus patas. Atravesando grupos de árboles, saltando matorrales, no tardarían mucho.  

Empezaron a escuchar las zancadas de otro lobo. Se estaban acercando. Captaron el olor casi al instante. Era Conall. Y Deeann. Aceleraron el paso y segundos después, se pusieron a la par con los otros. Dee les sonrió y al desviar la mirada al frente soltó un chillido.

Unas luces los deslumbraron en medio de la oscuridad. Justo delante de ellos había un grupo de motoristas tapados desde los pies a la cabeza. Deeann estuvo a punto de caerse de la impresión, no obstante Lope la empujó con el hocico y la colocó en el lomo de Conall de nuevo. Los faros encendidos les enfocaban directamente a ellos, como si hubieran estado esperándolos. Levantaron sus armas, dispuestos a abrir fuego.

Conall aulló, Lope y Phelan lo circundaron, adquiriendo el mismo ritmo. Dee cerró los ojos y enterró su rostro en el cuello peludo del lobo.

Entonces comenzaron a disparar.


—No pudiste contenerte, ¿cierto? Tuviste que intervenir.

La voz la sobresaltó. Sin embargo, se recompuso con rapidez y poniendo una sonrisa en su hermoso aunque anciano rostro, se dio la vuelta para encontrarse a un apuesto hombre entrado en los sesenta.
—Alguien tenía que hacer algo. ¿Los habrías dejado morir allí?

—Sí, si los Dioses así lo hubieran querido —exclamó tajante acercándose a la mujer con pasos potentes—. No tenías derecho a inmiscuirte.

—¡Es tu nieto! ¿Tan frío eres que ni siquiera habrías movido un dedo para salvar a tu propia sangre?
La anciana le enfrentó con lágrimas en los ojos. El hombre la contempló con una súplica en la mirada, lanzando un largo suspiro sus iris se internaron en la profundidad del cielo cubierto de estrellas.

—Ahora está en manos de los Seres Superiores. No podemos hacer nada. Su destino se ha puesto en marcha. 



Y... hasta aquí. 

La cosa se pone emocionante, ¿verdad? Lo sé, lo sé, soy mala, malísima, la peor persona del planeta. Pero prometo que el siguiente lo tendréis pronto, en un par de semanitas. Aunque si sois buenos y me dejáis muchos comentarios, a lo mejor lo adelanto.

¡Espero que os haya gustado!

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Ruby Cbox

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