domingo, agosto 11, 2013

Déjate capturar: Capítulo 8

¡Hola!

Espero que os lo estéis pasando bien en las vacaciones, yo ya he vuelto de las mías. Ahora me toca ponerme a estudiar para los exámenes de septiembre, pero antes toca publicar el nuevo capi.

El internet es un poco deficiente, porque estoy en alta montaña y apenas lo capta, pero he conseguido un par de rayitas en la conexión, así que voy a aprovechar antes de que desaparezcan. (Si hay algún fallo, es de la conexión).

¡Un abrazo!


Capítulo 8

Lope sonrió viendo la situación acaramelada que había frente a él.

—Veo que todo terminó bien.

Conall dejó salir una de sus pícaras sonrisas y le indicó con un dedo que se acercara. Lope tiró su toalla lejos y gateó por la cama hasta quedar encima de él. Phelan jadeó. ¡Cómo iba a disfrutar estar en la cama con aquellos dos hombres! Tras besar a Conall, el hispano se volvió hacia él y cubriéndole con su cuerpo juntó sus labios, en lo que prometía ser un preludio de lo que sucedería después. Luego bajó por su cuello y lamió la marca de Conall. Phelan gimió, notando como cada uno de los músculos encajaban a la perfección con los de él.

Creo que a nuestro compañero le gustan los mimos dijo travieso Lope.

Por supuesto que le gustan aprobó Conall.

Phelan suspiró de gusto viendo como Lope y Conall se besaban otra vez. En algún momento, tras haber descubierto que tenía tres parejas, pasó por su mente que tal vez tendría celos de verlos entre ellos, pero descubrió sorprendido que no era así. Todo lo contrario, de hecho le excitaba.

Espero que me hayas echado de menos, porque me niego a volver a dormir en otro sitio que no sea nuestra cama declaró Lope.

Eso ni lo pienses habló Conall.

Bien —asintió el hispano, luego palmeó el muslo de su compañero. Bueno, en pie. Tenemos una pareja a la que conquistar.

Entonces se levantó de la cama y se dirigió a los cajones del armario. Conall resopló y se dejó caer en el colchón. Phelan se rió y se levantó antes de que Conall pudiera atraparle. Mientras Lope se vestía rodó los ojos, después decía que era él el incansable.

¡Mierda! exclamó en aquel instante Phelan dándose un manotazo en la frente. Los dos lobos le miraron con extrañeza. ¡Se me ha olvidado la ropa en casa de mi hermano!

Lope negó con la cabeza, mientras Conall soltaba una carcajada. 


Tras haberse lavado la cara y hecho sus necesidades, Dee comenzó a vestirse con la ropa que le había dejado Lynn. Suspiró viendo como sus pechos sobresalían un poco demasiado de la camiseta de tirantes. La subió un poco hacia arriba, pero entonces su ombligo quedó al aire. Cerró los ojos y decidió que aquello no iba a afectarle, pero después de haber perdido gran parte de sus cosas en la explosión se preguntó cómo no iba a hacerlo. Terminó de abrocharse los vaqueros, entró al baño y se miró al espejo.

«Por todos los diablos, parezco un putilla barata. ¿Cómo iba a presentarse de esa guisa delante de todos ellos? No, de eso nada». Regresó a la habitación y con decisión se dirigió a la puerta dispuesta a robarle a Lynn algo que enseñara menos, pero al abrirla se encontró de frente a Lope.

El hispano no pudo evitar echar una ojeada de arriba abajo a la joven. Estaba para comérsela, y su lobo no podía aguantar para saborearla. Pero aún no era el momento, así que tomó una larga inspiración y le dio una sonrisa. Dee enrojeció notando el repaso y se cruzó de brazos para intentar cubrirse. Sin éxito.

—¿Querías algo?

—Ha sido Lynn, ¿verdad? —contestó Lope señalando el atuendo de la chica. Ella asintió.—. Mi hermana tiene un retorcido sentido del humor.

—Ya lo creo —susurró Dee envolviéndose a duras penas con los brazos.

—Toma mi camisa —dijo con rapidez poniéndosela a ella sobre los hombros—. No es gran cosa, pero es mejor que...

—No, es genial, gracias —replicó Dee intentando no mirar el torso desnudo del chico.

Mi madre nos ha dejado el desayuno en la nevera, espero que tengas hambre. —No hubo ni terminado la frase cuando el estomago de Dee hizo acto de presencia—. Eso parece un sí.

Lope sonrió y a Dee se le colorearon de nuevo las mejillas. Como siguiera así iba a parecer un Papa Noel de los que vendían en las tiendas. Aún así se la devolvió.

Cuando llegaron a la cocina allí ya estaban los otros dos muchachos, pero no había ni rastro de Lynn o de Thamar. Lo que sí que había era un delicioso banquete de tostadas, mantequilla, mermelada, bacon, huevos revueltos y chocolate. Dee se relamió los labios, hacía mucho tiempo que no veía un desayuno en condiciones. «¡Cómo echaba de menos las comidas de su abuela!» Suspiró, se sentó en la mesa y comenzó a servirse un poco de todo.

Entonces escuchó una risa que captó la atención de la chica. Levantando la mirada vio a Phelan, que apoyado sobre la encimera, sonreía. Dee observó su atuendo y como no podía hablar ya que su boca estaba ocupada, frunció el entrecejo y le señaló con el dedo.

―Conall. ―Fue su explicación cogiendo el dobladillo de la camisa que le llegaba a los muslos.

―Tú también… ―Dee abrió los ojos.

―No. ―Phelan negó con la cabeza―. Mi maleta está en casa de mi hermano. Después iré a por ella.

Dee asintió y continuó comiendo perdida en sus pensamientos.

Conall a su lado la espiaba de reojo, sin saber muy bien cómo empezar una conversación. «¿De qué se podía hablar con una chica? ¿De maquillaje?» Resopló. Con Phelan había sido más fácil, después de todo se conocían de antes. Pero ella era una desconocida, aparte de que no era una loba, y aquello último iba a ser ‘algo’ complicado de explicar. Conall cogió una tostada y la mordió. Y resopló de nuevo.

Lope contempló a los que el destino había elegido como sus compañeros de vida y sonrió. Aunque todavía les quedaba un largo camino por recorrer, esperaba que todo saliera bien. No obstante, y a pesar de la felicidad que le rodeaba, su mente regresó a la bomba que había destruido su taller y el coche de Deeann. Frunció el entrecejo. «¿Quién les odiaría lo suficiente para intentar matarlos?» No lo sabía, mas pensaba averiguarlo.


Phelan tocó el timbre y esperó. Segundos después un Connor recién duchado le abrió la puerta. Phelan le saludó con la mano y su amigo le miró con desconcierto.

―¿Qué demonios llevas puesto?

―Buenos días, ¿has dormido bien? ¿Te apetece entrar? Sí, gracias. ―Connor parpadeó y Phelan se hizo espacio para pasar al interior de la cabaña.

―Vale, ahora sí que quiero saberlo todo. Tu nunca usas la ironía a no ser que algo muy fuerte haya pasado ―dijo Connor cerrando la puerta y siguiendo a Phelan al salón, dónde éste estaba―. Siéntate y habla.

Phelan bufó y se dejó caer en el sofá, tumbándose todo lo largo que era. Se rascó la cabeza. «¿Cómo empezar?», se preguntó. Le dolía la cabeza. «¿Por su infancia, quizás? No, esa historia ya se la había contado. ¿Tal vez por…?». Quién se iba a imaginar todo lo que había pasado en menos de un día. Giró la cabeza al escuchar un resoplido proveniente de Connor, que esperaba impaciente sentado en el otro sillón.

―Puedes empezar cuando quieras.

Phelan se rió. «¿Quería empezar? Iría al grano entonces».

―Anoche me acosté con Conall y esta mañana me he morreado con Lope.

Connor tardó unos minutos en comprender sus palabras. Phelan supo que las había asimilado cuando soltó un grito ahogado y se puso de pie de un brinco.

―¡Venga ya! ¡Estás de coña!

―Nop ―dijo Phelan poniendo sus manos detrás de la cabeza.

―¡Ay, mi madre! ―exclamó Connor―. Lyall te mata.

―¿A quién voy a matar? ―preguntó una voz por detrás.

Connor se dio la vuelta sonriendo inocentemente y Phelan se sentó lo más recto que pudo en el sofá. Lyall se acercó a su prometido rodeándole con los brazos y le besó. Luego miró de uno a otro.

―¿Y bien? ―Lyall alzó las cejas.

―Phel se ha acostado con Conall y con Lope ―dijo con celeridad.

―¡Connor! ―protestó Phelan levantándose de golpe.

Connor hizo una mueca de disculpa y Phelan se desplomó en el sofá suspirando. Lyall miró entonces a su hermano pequeño arrugando el entrecejo. Caminó hasta él y cogiéndole de los hombros le hizo ponerse a su altura y comenzó a zarandearle.

―¿En qué estabas pensando, Phel? ¡Nuestro padre se va a poner furioso!

Phelan se soltó del agarre cruzándose de brazos.

―¿De qué hablas?

Connor observó el duro intercambio de miradas entre los dos hermanos, sin saber qué hacer. Miraba de uno a otro queriendo decir algo, pero sin que ninguna palabra saliera de su boca. Lyall se pasó la mano por el pelo y gruñó.

―Vamos a la cocina. Odio discutir con el estómago vacío.

Los dos amigos se miraron y le siguieron en silencio, uno triste y el otro encrespado, «¿a qué venía eso?»


―¡Cómo te atreves! ¿Cómo pudiste decirle eso a padre? ―gritó iracundo el hermano pequeño dando un golpe tan fuerte en la mesa que toda ella tembló―. ¡Yo soy gay! ¡Lo he sido siempre!

Lyall entrecerró los ojos alzándose en toda su altura, algunos centímetros más alto que Phelan. Connor cerró los ojos y negó con la cabeza, recargándose en la silla. «Y allá iba».

―¡Tal vez pensé que tu pareja podría ser una mujer! ¡No dos estúpidos machos alfa!

―¡Pues pensaste mal! ¡Y ellos no son estúpidos! Fueron los únicos que me trataron como alguien normal cuando me di cuenta de que no podía cambiar ―dijo clavándole el dedo en el pecho a Lyall.

Phelan notó el agua en sus ojos, pero no le hizo caso.

―¡Y me han aceptado sin preguntar nada! ¡Porque yo soy su pareja y eso les basta! ―Cogió aire mientras algunas lágrimas caían por sus mejillas. Con los brazos a los lados y las manos en puños continuó―. Siempre pensé que un lobo estropeado como yo nunca podría tener una pareja…

Un sollozo salió de su garganta que él pronto reprimió. No se dio cuenta cuando el pelo empezó a salirle de las manos y sus uñas crecieron hasta convertirse en garras. Gotas de sangre cayeron al suelo. Connor alargó el brazo para consolar a su amigo, pero su prometido lo impidió colocándose delante.

―Pero ahora tengo tres ―gruñó y al mirar a su hermano sus ojos adquirieron un nítido color verde esmeralda―, ¡y son míos!

Un aullido retumbó en las paredes e instantes después un lobo de enormes proporciones se encontraba en el mismo lugar en el que antes había estado Phelan.

5 comentarios:

  1. Más por favor esto esta uuuaaaauaa!!!!!
    Quiero más me encanta.

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  2. xuta...se está poniendo intenso el caos...ajjaj!...me gusto muchito...dale...dale...que no pare que no deje el lápiz....muchos cariños..hasta pronto...ojala...xau...

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  3. Hola Ruby gracias por el capi, muy lindo

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  4. Demasiado bueno, grande Ruby, tu historia es genial.

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¡Hola! Gracias por leer y tomarte un momento para comentar. ;)

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