miércoles, junio 05, 2013

Déjate capturar: Capítulo 7

¡Por fin! 

Uff, no sabéis las ganas que tenía de tener un par de días libres para poder terminar el capítulo, echarle el visto bueno y poder publicarlo.

Este segundo trimestre ha sido horrible, entre el accidente doméstico de mi madre -está bien, sólo un esguince-, los trabajos de la universidad y y los exámenes, parciales, etc; no ha habido ni un fin de semana libre. Pero por fin, tras el parcial de ayer, me he tomado un ratito para continuar la historia, que ya era hora. Espero que cuando se terminen los examenes a finales de junio pueda avanzar más rápido.

Por ahora, os dejo con el capítulo 7, espero que lo disfrutéis. Y ya sabéis, faltas de ortografía y demás, me lo decís. 

¡Besos!


Capítulo 7

En un momento dado, Conall empezó a estirarse y gimió. Al segundo siguiente, tenía a Phelan encima de él desabrochándole el cinturón desesperado.

 ―Oye, oye, ¿qué haces?

―Compruebo que no te quedan secuelas. Ese tipo de golpes pueden causar daños permanentes.

Conall soltó una risa.

―Soy un hombre lobo, Phelan. Esos supuestos no se nos aplican, ¿recuerdas? Somos inmune a las enfermedades humanas y tenemos la curación acelerada ―explicó con una media sonrisa.

Phelan asintió y le miró con preocupación, luego se acurrucó en su costado, poniendo la palma de la mano sobre el pecho desnudo de Conall.

―Lo siento ―se disculpó de nuevo―. Es que son muchas cosas a la vez. No sé cómo…

Conall se acostó de lado y le acarició la mejilla con el pulgar, regalándole otra sonrisa.

―Phel, eres maravilloso, pero esa cabeza tuya piensa demasiado ―dijo con suavidad―. Todo esto es nuevo para ti; las parejas, la atracción… Lo comprendo. Puede ser… difícil de controlar, pero no imposible. ¿Sabes? Todavía recuerdo cuando Lope y yo nos dimos cuenta de que éramos compañeros; no salimos de mi habitación en tres días. Mi madre tenía que dejarnos la comida en bandejas frente a la puerta ―Conall sonrió―. Ella y Lynn tenían que dormir con tapones y por el día ponían la música a tope para no escucharnos.

Phelan sonrió con ternura y luego puso una cara de extrañeza.

―¿Y cómo es que no conseguisteis acoplaros?

―No lo sé, es algo extraño, porque la marca a penas duraba un día ―admitió Conall―. Pero esta mañana por fin lo conseguimos.

Phelan suspiró mirando al techo.

―Yo llegué esta mañana, igual que Deeann. ―Frunció el entrecejo, pensativo. Todo había pasado muy rápido; su llegada al pueblo, la chica, el coche estallando, Silvester… ¿Casualidad? Imposible. Entonces tuvo una súbita revelación, se le abrieron los ojos como platos y se incorporó de golpe―. Eso es. ¡Por eso no podíais acoplaros!

―Faltabais vosotros dos ―asintió Conall imitando el movimiento de su compañero. Soltó una risa―. Ya verás cuando se lo diga a Lope ―sonrió y se volvió hacia Phelan―. Me alegro de que aceptaras venir.

Y sin dejar que el chico respondiera le agarró por la nuca y le besó. Phelan abrió la boca y sus juguetonas lenguas se volvieron a encontrar. Las erecciones que habían descendido, volvieron a la vida entre medio de caricias y manos traviesas. Conall empujó hacia la cama a Phelan que no opuso resistencia y lo aprisionó bajo su peso. Phelan jadeó, llevando sus manos al borde de los pantalones del otro e introdujo sus dedos atrapando así el culo de Conall.

―Phelan…  si continuamos así… yo… no voy a poder parar… ―alcanzó  a decir entre besos.

―Estaré orgulloso de lucir tu marca, Conall ―dijo solemne Phelan dejando libre su cuello en completa aceptación.

Conall miró a los ojos marrones de Phelan y vio admiración y respeto, y algo más que no sabía aún cómo interpretar. Pero sobre todo notó deseo; un deseo tan profundo que sólo podía darse entre las parejas destinadas. El mismo deseo que se reflejaba en sus iris azules. Sonrieron y con rápidos movimientos lograron quitar la ropa que había empezado a molestar. Conall contempló el cuerpo esbelto de Phelan, que no era ni delgaducho ni muy corpulento, sino que era todo fibra y de músculos finos y duros. El lobo estuvo a punto de babear.

―¿Gimnasio?

―Carreras al amanecer ―respondió Phelan y alzó su cabeza en busca de otro beso.

Conall no preguntó más, se dedicó a recorrer con sus manos cada parte del cuerpo abajo de él que pudo alcanzar sin despegarse de los labios de su pareja. Una llegó al miembro endurecido y se lo apretó, sacándole un jadeo a su compañero de cama. Éste pasó los dedos por su espalda logrando que el otro chico gimiera.

―Lo sient-… ―Pero Phelan no pudo decir nada más, porque Conall le metió su lengua hasta la garganta.

Phelan estaba abrumado por las sensaciones, por las reacciones que le provocaba Conall. No podía decir que no había tenido relaciones antes, pero podía asegurar que nunca habían sido tan intensas como estaba siendo esa. Ahora entendía, ahora podía comprender el deseo, el hambre que consumía a su mejor amigo y a su hermano, ¿cómo iban a resistirse? ¿Cómo iba alguien a querer resistirse?

Conall dejó la boca de Phelan y empezó a bajar por el cuello, dejando un rastro de besos a lo largo del torso del chico más bajo.

―Vaya, vaya, alguien está muy bien dotado ―dijo Conall con una sonrisa haciendo sonrojar a Phelan, quien jadeó cuando Conall empezó a lamer la cabeza de su erección.

Phelan no podía pensar, sólo podía ver como los cabellos castaños de Conall bajaban y subían al mismo tiempo que su boca le chupaba y le estimulaba. Agarró las sábanas a sus costados y gimió.

―Voy… voy a…

―Aún no ―dijo Conall apretando con fuerza la base del pene de Phelan y cortando el orgasmo.

―¿Qué? ¿Por qué?

—Porque aún no estoy dentro de ti —explicó serio Conall.

—¡Oh!

Phelan no pudo evitar sonrojarse. En la mirada azul de su pareja había tal determinación que sintió que había visto lo que había en su alma y en su corazón. Su respiración se aceleró mientras veía como Conall subía por su cuerpo sin dejar de mirarlo a los ojos y se colocaba entre sus piernas.

—Sube las rodillas —ordenó Conall buscando en el cajón de su mesilla de noche y sacando una botellita de lubricante.

Phelan obedeció impaciente. Pero no tuvo que esperar mucho, ya que pronto unos dedos llegaron a su trasero y empezaron a tantear su entrada. Cuando el primero de ellos se introdujo en su interior, Phelan siseó.

—Ha pasado un tiempo desde que… —dijo al ver la cara de extrañeza de su pareja.

Conall entrecerró los ojos y en un impulsivo gesto metió de golpe tres de sus dedos tan al fondo como pudo. Phelan gritó clavando sus uñas en los antebrazos de su compañero y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Espero que sepas que yo no comparto. Tu culo, tu polla y tu boca son míos, ¿entendido? —gruñó Conall.

—Idiota, ya lo sabía —respondió Phelan con una mirada acusadora.

—Bien.

El beso que vino después fue áspero, duro y profundo. Hubieron dientes, mucha lengua y alguna gota de sangre. Los dedos de Conall empezaron a hacer un movimiento de tijeras logrando que el chico más pequeño se retorciera bajo él. Phelan jadeó casi sin aliento cuando un Conall sonriente se apartó. Profundizó su exploración observando el semblante ruborizado de su pareja de cama y encontró la próstata, la cual apretó y tocó hasta que Phelan eyaculó en medio de un grito de placer.

Conall sacó sus dedos y se colocó en posición para penetrarle, mientras un desfallecido Phelan intentaba hacer llegar aire a sus pulmones. Entró de una estocada y buscó los labios de su compañero, cogiendo a la vez su miembro que volvió a la vida con brusquedad. Phelan no se resistió; no habría podido aunque hubiera querido. Lo deseaba. Rodeó con los brazos el cuello y con las piernas la cintura de Conall. Éste lo tomó como señal de que podía comenzar y así lo hizo.

Al principio fue suave como una caricia, como si quisiera probar el terreno sobre el que pisaba; luego más rápido hasta que tuvieron que despegar sus bocas. Se miraron a los ojos y Phelan apartó su cabeza dejando su garganta libre. Entonces Conall dejó salir sus colmillos y le mordió tragando el líquido carmesí que parecía ambrosía. Una cálida, determinada y un poco irascible ambrosía.

El nudo se extendió del pene a la próstata y se corrieron una, dos veces. Se besaron una vez más, como el sello de un pacto inquebrantable y Conall salió del interior de Phelan. Se abrazaron y se cubrieron con la sábana. Y ya totalmente saciados se durmieron el uno en brazos del otro.


Dee notaba una claridad molesta en los ojos. Rumió algo entre dientes y se dio la vuelta. Sonrió y se estiró con gusto. El colchón se sentía mullido y esponjoso bajo sus músculos cansados; y las sábanas estaban frescas bajo la piel desnuda de sus piernas. Dee abrió los párpados con una pregunta bailando en su mente: ¿porqué no tenía sus pantalones? Y lo que era más importante: ¿quién se los había quitado?

Se incorporó, ya completamente despierta, mirando con curiosidad a su alrededor. Estaba en una habitación rústica, de paredes de listón y con una decoración austera. Apenas había un par de mesitas de noche, unas cortinas blancas de raso, un armario alto de doble puerta y la cama de matrimonio donde ella había dormido. Todo hecho de madera. Se acercó al borde del colchón y se puso en pie. Fue hacia la ventana y la abrió, respirando la suave brisa matutina y llenando la habitación de los sonidos del bosque. 

Alguien llamó a la puerta.

Adelante.

La cabeza de Lynn apareció sonriendo.

¡Hola! exclamó con entusiasmo a la vez que entraba en el cuarto. Esperaba que ya estuvieras despierta. Te dejo algo de mi ropa ya que tus maletas se perdieron con la explosión.

Dee lanzó un grito ahogado. De pronto y como si de un rayo se tratara, los acontecimientos del día anterior pasaron frente a ella. Se llevó las manos a las mejillas y abrió los ojos como platos.

¡Oh, no! ¡Mis carretes! se quejó con voz lastimera. ¡Mi portátil! sollozó.

Lynn la miró perpleja durante unos instantes y después se echó a reír. Dee se cruzó de brazos arrugando el ceño.

No tiene gracia. ¡Ninguna!

¡Es que ayer viste a un lobo enorme y en vez de estar asustada, te preocupas por tu ordenador! replicó sorprendida la chica. No esperaba oírte hablar acerca de él como si hubieses perdido tu vida.

¡Es que la he perdido! ¡En mi portátil lo tenía todo! Apuntes, libros, todas mis fotografías… Dee refunfuñaba caminando de un lado a otro cuando de repente se paró de pronto y se llevó las manos a la cabeza. ¡Mi photoshop!

¿Tú qué…?

¡Mi photoshop! ¡Es un editor de imágenes! Entonces Lynn empezó a reírse aún más fuerte y Dee la fulminó con la mirada. ¿Tienes idea de lo caro que es? ¡Y tenía la última edición! protestó sentándose en la cama y tapándose la cara con las manos.

Lynn dejó de reírse, se encogió de hombros y acercándose a ella le puso una mano sobre el hombro.

Oye, no te preocupes, seguro que se soluciona.

Dee soltó un largo suspiro.

Eso espero. O voy a tener que gastarme el dinero de la boda en otro photoshop ―dijo a la vez que se dejaba caer sobre el colchón.

Lynn negó con la cabeza y estaba de camino a la puerta, cuando Dee se incorporó de golpe pegando un agudo chillido.

―¡Era un lobo! ¡Un lobo inmenso! ―Y entonces se volvió a desmayar.

Lynn sonrió.

―Esa era la reacción que esperaba. ―Y salió cerrando tras ella.


Lope surgió del baño vistiendo sólo una toalla atada a la cintura, para entrar en una habitación enteramente de color rosa. Bueno, de distintos tonos de rosa en realidad. Suspiró con resignación. A pesar de que sabía que había hecho lo correcto, aún detestaba haber tenido que dejar la habitación que compartía con Conall para que los dos arreglaran las cosas. Lope esperaba que por lo menos Phelan le hubiera dado una buena reprimenda a Conall por haber sido tan imprudente la noche anterior.

Lope se rascó la cabeza dirigiéndose al armario cuando se dio cuenta de que toda su ropa estaba en su habitación. Bufó y se encaminó a su cuarto.


—Siento lo de anoche, a veces soy demasiado posesivo. Creo que es el macho alfa dentro de mí.

No hacía mucho que se habían despertado, pero Conall había sentido la necesidad de explicarse. La luz matutina inundaba la habitación y en la casa ya se notaba el movimiento. Phelan negó con la cabeza enterrada en el pecho de su pareja.

—En realidad… me gustó. Un poco. —Su voz amortiguada por su cercanía.

La risa perruna de Conall vibró por su cuerpo y sus brazos rodearon a Phelan apretándole contra sí.

—A Lope le encanta esa parte de mí —dijo con una sonrisa—, y tú adorarás su lengua. Es un dios.

—¿Tú crees?

—Lo creo —respondió y entonces le besó de nuevo en el mismo instante que Lope entraba en la habitación.

6 comentarios:

  1. Fina. WWUUUAAAUUUU Ruby esta muy bueno, me gusto mucho sobre todo lo posesivo de Conall, y cuando Dee se pone histerica por el lobo, mil gracias por tu trabjo, besos, chao

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    1. Lo de la Dee histérica es algo que tenía planeado desde el principio, pero el Conall posesivo fue algo de improviso. Lo importante es que los personajes tengan personalidad propia, así que está bien. Gracias por comentar! Besos!

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  2. Muy buena la saga! A ver si podemos ir leyéndola con menos tiempo entre capítulo y capítulo :P

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    1. Ay, ojalá! Yo soy la primera a la que le gustaría tener más tiempo para escribir, pero estando en la recta final de los examenes y con trabajos cada dos por tres, es bastante complicado. Además una también tiene su vida personal, XD.
      De todas formas, a ver si ahora que llegan las vacaciones puedo publicar con más regularidad. Un beso, gracias por comentar!

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    2. Gracias de todos modos!!

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¡Hola! Gracias por leer y tomarte un momento para comentar. ;)

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